La práctica social a lo cubano

Los artistas se levantan contra un asesinato policial en La Habana y las políticas represivas de su gobierno.
Coco Fusco Jul 14, 2020
Dibuju hecho por Camila Lobón de Hansel Hernández-Galiana, 2020

Dibuju hecho por Camila Lobón de Hansel Hernández-Galiana, 2020

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La acción colectiva realizada en Cuba la semana pasada se inició con la publicación de testimonios en video sobre la intención de protestar por el asesinato policial de Hansel Ernesto Hernández-Galiano. El poeta Amaury Pacheco recitó la oración de San Francisco; la artista visual Tania Bruguera emitió una severa advertencia a la policía; el promotor musical Michel Matos filmó los coches de los agentes de seguridad del estado estacionados frente a su casa; el artista de performance Luis Manuel Otero Alcántara envió un mensaje de amor a sus seguidores de Facebook. La víctima era un residente de Guanabacoa, un municipio del extremo oriental de La Habana, que según la policía intentó huir cuando fue sorprendido robando. No era la primera vez que un negro cubano moría por contacto con la policía, pero las noticias de las protestas del movimiento Black Lives Matter habían llegado a la isla y muchos artistas creían que debían responder a la violencia estatal con un performance político. El asesinato había provocado una efusión de ira en las redes sociales, lo más parecido que los cubanos tienen a una esfera pública. El Ministerio del Interior se defendió emitiendo una declaración pública sobre los antecedentes penales de la víctima. Debido a que las autoridades cubanas reprimen regularmente las protestas, los artistas y activistas que convocaron el acto de desobediencia civil, dejaron claro que sabían que serían arrestados al intentar salir a la calle. El performance consistió en auto-organizarse colectivamente amén de cualquier despliegue policial.

Por supuesto, los arrestos comenzaron a las 6:17 a.m. del 30 de junio, cuando la policía golpeó la puerta de Bruguera. Su último mensaje de texto a su hermana decía: “Me llevan.” A las pocas horas, varios miembros del Movimiento de San Isidro—Pacheco, Matos, Otero Alcántara y el rapero Maykel Osorbo—habían sido detenidos. Antes de las 11:00 a.m., otros 45 artistas, periodistas independientes y activistas de todo el país habían sido detenidos, y 85 cubanos más fueron puestos bajo arresto domiciliario para evitar que asistieran o informaran sobre la protesta. El lugar designado de la protesta, el Cine Yara, ubicado en las calles 23 y L de La Habana, fue rodeado por la policía. Los cubanos que lograron evadir a la policía merodearon el parque frente al cine, enviando fotos del sitio. Aquellos que fueron confinados en sus hogares registraron sus tensos intercambios con los agentes que los custodiaban. Los amigos comenzaron a rastrear arrestos y ponerse en contacto con las comisarías de policía para determinar dónde se detuvo a las personas. Se dirigieron a los organismos internacionales de derechos humanos; en cuestión de horas, más de una docena de organizaciones emitieron declaraciones públicas de preocupación sobre la injerencia del Estado cubano en una protesta pacífica. Incluso Reuters, una agencia que solía tener cuidado de amplificar las voces de los disidentes cubanos, presentó un informe sobre la protesta que llegó al New York Times. Al anochecer, la mayoría de los detenidos habían sido puestos en libertad y la extraordinaria exhibición de la fuerza estatal había terminado.

Mensaje de Tania Bruguera a su hermana del 30 de junio: “Me llevan.”

Mensaje de Tania Bruguera a su hermana del 30 de junio: “Me llevan.”

Las detenciones masivas provocadas por artistas son muy poco comunes en la isla, pero un creciente movimiento “artivista” en Cuba está cambiando las reglas del juego. “Este fue un ejercicio para aprender a actuar de manera cívica”, explicó Otero Alcántara. Durante décadas, los artistas cubanos que se alejaban de la política han sido recompensados con promoción gratuita, permiso para viajar y el derecho a ganar en divisa, por lo que la mayoría de ellos se han mantenido callados para disfrutar de las ventajas. Pero los recientes esfuerzos del gobierno cubano para frenar las actividades de los artistas y periodistas independientes se han encontrado con una creciente resistencia. En los últimos 18 meses, los artistas han encabezado campañas contra nuevas leyes que los someten a inspecciones arbitrarias, multas y detenciones. También han desafiado el duro trato del Estado a los presos políticos. Los artistas han protestado por el maltrato de los ciudadanos LGBTQ del país y han lanzado debates públicos sobre la participación de intelectuales cubanos en los actos de repudio contra artistas disidentes en los años 70 y 80. Una generación artistas jóvenes está articulando una visión moral distinta de lo que significa ser revolucionario, y los métodos de la práctica social son esenciales para sus proyectos, que toman la forma de talleres, conferencias, debates, publicaciones, exposiciones pop-up y campañas políticas, performances callejeras y protestas. Trabajan colectivamente para frustrar el intento del Estado cubano de neutralizar a sus oponentes mediante el aislamiento. Tania Bruguera señaló en sus comentarios cómo la oficial del Ministerio del Interior Kenia María Morales Larrea la trató. Esta agente de seguridad le dijo repetidamente a Bruguera que estaba sola y que nadie le hace caso.

En marzo, un grupo de artistas cubanos lograron liberar a Otero Alcántara después de que estuviera dos semanas en prisión; había sido acusado falsamente de dañar la propiedad estatal durante su arresto y acusado de ultraje debido a su performance Drapeau, en el que llevaba puesta la bandera cubana día y noche durante todo el mes de agosto. Unos días antes de la protesta del 30 de junio, el biólogo y activista de derechos humanos cubano Ariel Ruiz Urquiola aseguró una invitación para dirigirse a las Naciones Unidas sobre las violaciones de los derechos humanos en Cuba, haciendo una huelga de hambre y de sed delante de la sede de las Naciones Unidos en Ginebra. Afirma que se le inyectó el VIH mientras estaba en un hospital penitenciario hace dos años, y que a su hermana, la historiadora de arte Omara Ruiz Urquiola, se le ha negado tratamientos médicos contra el cáncer por motivos políticos.

Tan pronto como los detenidos fueron puestos en libertad el 30 de junio, centraron su atención en el caso del periodista independiente Jorge Enrique Rodríguez. Colaborador de INSTAR, Rodríguez fue arrestado el 28 de junio cuando intentó registrar un conflicto entre ciudadanos cubanos y policías. Fue acusado de desacato y se enfrentó a una posible sentencia de prisión. Otero Alcántara, junto con la psicóloga Kirenia Yalit y el bioquímico Oscar Casanella, presentó una orden de hábeas corpus en el Tribunal Penal Provincial de La Habana después de que el periodista hubiera estado incomunicado durante cuatro días: Rodríguez fue puesto en libertad al día siguiente. Los artistas están asegurando que cada acción y cada documento oficial que generan esté cuidadosamente documentado y publicado en las redes sociales para asegurar que esta sociedad civil emergente pero no reconocida oficialmente mantenga una presencia pública.

La anotación en Facebook del artista de performance Luis Manuel Otero Alcántara antes de su arresto que comienza con, “Listo para salir, estoy rodeado de policía....”

La anotación en Facebook del artista de performance Luis Manuel Otero Alcántara antes de su arresto que comienza con, “Listo para salir, estoy rodeado de policía....”

Las coaliciones entre activistas y artistas de varios campos culturales se están desarrollando a partir de un sentido compartido de justicia. A pesar de que la policía acosa con frecuencia a quienes participan en sus eventos, el INSTAR de Bruguera progresa con sus programas, que dan un foro a periodistas, poetas, abogados y artistas. El Movimiento de San Isidro continúa organizando exposiciones y eventos en las casas de sus miembros. Revistas independientes digitales como El Estornudo, Rialta e Hypermedia sacan decenas de observaciones y comentarios sobre la cultura y la política; y las graves deficiencias y excesos del estado cubano. Desde que comenzó la pandemia, el artista Hamlet Lavastida ha estado publicando escalofriantes dibujos de figuras icónicas y productos básicos asociados con las condiciones represivas en la isla, un proyecto que enmarca como homenaje al archivo del gueto de Varsovia del historiador polaco Emanuel Ringelbaum. El día de la protesta del 30 de junio, publicó un dibujo que hacia alusión a un encuentro privado con un policía que admitió que el perfil racial era una política policial cubana.

Hamlet Lavastida. Unidad de Operaciones, DSE, G-2, MININT, Patrulla no. 955. 2020

Hamlet Lavastida. Unidad de Operaciones, DSE, G-2, MININT, Patrulla no. 955. 2020

Mientras que el sitio de la protesta del 30 de junio estaba bloqueado, el Internet estaba explotando con comentarios sobre el asesinato de Hernández-Galiano y sobre cómo las detenciones eran ejemplos de fuerza estatal excesiva. Hernández-Galiano había estado huyendo de la policía cuando le dispararon por la espalda; los manifestantes, periodistas y activistas que buscaban reunirse pacíficamente fueron tratados como amenazas a la seguridad nacional. Sus propias experiencias de ser injustamente agredidos les han llevado a reconsiderar las prácticas rutinarias de violencia contra los cubanos de a pie. Según Otero Alcántara, que es negro y autodidacta, este reconocimiento de la injusticia y una mayor disposición a asumir riesgos representan un cambio importante de actitud para la élite artística e intelectual. “Se están identificando con el sufrimiento de un sector pobre, marginado y criminalizado de la población... Hansel venía de un barrio pobre y uno esperaría que su propia comunidad saliera en apoyo de él. Pero su gente no tiene forma de articular su disidencia. El mero hecho de que 100 personas estuvieran dispuestas a arriesgarse a ir a la cárcel es un gran paso. El racismo es un tema muy sensible en Cuba, la posición del gobierno es que el racismo no existe, por lo que no hay instituciones que aborden su existencia”.

De hecho, los artistas cubanos se han alejado en gran medida de la condena directa del racismo en la era pos-revolucionaria. En cambio, la tendencia predominante ha sido centrarse en la espiritualidad afrocubana y la cultura popular. Una excepción que viene a la mente es el cuadro de José Angel Vincench basada en la foto de un cubano negro de su serie de 2008 Lo que la historia no te ha contado, una alusión al infame caso de tres hombres que fueron juzgados y ejecutados en secreto por secuestrar una lancha en un intento de escapar de la isla en 2003. Mientras que la protesta del 30 de junio representa un esfuerzo conjunto sin precedentes para artistas y activistas, los cubanos están divididos sobre las recientes protestas de Black Lives Matter en los Estados Unidos. Algunos son escépticos porque creen que el gobierno cubano siempre ha exagerado el alcance del racismo en los Estados Unidos como parte de su campaña de propaganda antiestadounidense. Los anti-Castristas en la isla y en Miami también resienten que el liderazgo del Black Lives Matter haya expresado públicamente su admiración por Fidel Castro tras su muerte en 2016. Ven esto como un ejemplo más de la negativa de los extranjeros a reconocer que el mismo gobierno cubano que envió soldados a Angola y alojaba a los fugitivos activistas afroamericanos, también prohibió las religiones afrocubanas durante 30 años, censuró a artistas afrocubanos y prohibió el establecimiento de organizaciones políticas afrocubanas.

Un rótulo que dice: No más violencia policial, abajo la dictadura

Un rótulo que dice: No más violencia policial, abajo la dictadura

Y luego están los cubanos que se consideran críticos de su gobierno pero no toman en serio los esfuerzos de los artistas. Los ven como desorganizados, fracasados y representativos de una franja social. No es difícil entender por qué el escepticismo podría prevalecer en un país con posibilidades limitadas de actividad política, donde se imponen duras sanciones a aquellos que piensan diferente. Pero los artistas involucrados en el parto de una cultura política amplia y participativa tienen una visión más filosófica. Su enfoque es similar al de los artistas en los Estados Unidos que recientemente escribieron en el cielo sus mensajes de solidaridad con los indocumentados detenidos. Saben que ninguna obra de arte erradicará un problema político, pero al mismo tiempo, entienden que la transformación social no ocurrirá si no podemos unirnos para imaginar un mundo diferente.